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Isla de Formentera

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Un poco de historia

Pequeña isla de aproximadamente 80 km2, que dista de Ibiza unos siete kilómetros. A la isla se puede llegar sólo por mar. A parte de en embarcación propia, en barcos de línea regular que salen de la Península (Altea y Denia) o desde la isla vecina, Ibiza capital, Sant Antoni o Santa Eulària del Riu. Atracaremos en el único puerto de la isla, La Savina. Desde aquí mismo podemos alquilar una bici o moto, con los que se puede recorrer la isla sin ningún problema, ya que es un territorio muy plano. Por supuesto también en coche.

La isla consta de dos grandes estanques de agua salada (s’Estany des Peix y s’Estany Pudent) y dos elevaciones: el Cap de Barbería al sur con una altura de 107 metros y la meseta de La Mola al este, rodeada de acantilados y donde se encuentra el punto más alto de la isla a 192 metros de altitud, es sa Talaiassa.

 

Si el viaje hacia Formentera lo hacemos desde el puerto de Ibiza, travesía que dura entre media hora y una hora, dependiendo del ferry que nos lleve, atravesaremos el Parque Natural de Ses Salines, ya que dicho Parque abarca el sur de la isla de Ibiza y el norte de Formentera, así como los islotes que emergen entre ambas islas: islotes Negres, des Penjants, des Porc, Espardell, S’Espalmador, etc...

Los fondos marinos de esta zona están recubiertas por un planta peculiar, la Posidonia oceánica. Las grandes praderas que ocupa este alga, facilita la transparencia del agua, lo que hace que el entorno de la zona norte y de sus playas sean un lugar paradisíaco.

 

Es una isla que a pesar de los cambios sufridos en las sociedades occidentales y la vida vertiginosa que se lleva, no se ha visto alterada para nada el tipo de vida de aquí.

 

En la isla existen vestigios de culturas antiguas, como los sepulcros megalíticos del siglo XVI a.C. de la época prehistórica o restos de la cultura romana, como el Castelium de hace 300 años d.C.

 Fueron los Griegos, quienes llamaron a Ibiza y Formentera las “Pitiusas”, que significa ricas de pinos, y después los Cartagineses, de los cuales han quedado pocos restos.

Posteriormente los romanos dieron nombre a la isla de Formentera, siendo el origen la palabra latina “Frumentaria”, es decir, isla del trigo, por la grande cantidad de trigo que ofrecía.

Abandonada por los Romanos, tras la caída del Imperio, Formentera no tuvo una población homogénea y una dominación estable durante un largo período, hasta que cayó bajo el control de los Árabes, gracias a los cuales conoció siglos de gran prosperidad.

 

La isla fue conquistada a los árabes por el ejército catalán hacia 1235, tras la conquista de Ibiza. Estuvo deshabitada durante los siglos XV y XVI, la peste de Occidente causó estragos en sus habitantes. Fue refugio de piratas y bárbaros de diversas procedencias. La isla fue base estratégica del Mediterráneo.

Hacia 1700  se empezó a repoblar la isla, viniendo los pobladores de Ibiza, aunque el proceso fue muy lento, pues la vida en Formentera era muy dura.

En la actualidad, de una población de alrededor 7.500 habitantes, en verano se cuadruplica por la afluencia de turistas, sobretodo alemanes, ingleses e italianos.

 

 

Los fenicios 

Los fenicios provienen de Fenicia, estado compuesto por varios pueblos de Oriente Medio (Tiro, Arados, Biblos, Berytos, Sidón), lo que hoy es el Líbano. 

Los fenicios inventan el alfabeto con 30 caracteres con los cuales pueden representar todas sus palabras. Lo utilizan de forma habitual entre los núcleos urbanos. Dicha escritura la incorporan en la península. Más adelante lo adoptarán los griegos y de este alfabeto derivarán el latín, el hebreo y el árabe.

Inventan dioses, con los que dan respuesta a muchos fenómenos naturales que sobrepasan a la mente humana.

Están obligados a desarrollarse de forma natural a través del mar, pues por tierra están rodeados de imperios poderosos, como el asirio, el hitita, el egipcio, etc. Este echo les obliga a construir naves para poder desarrollarse, haciéndose grandes expertos y capacitados para la navegación de grandes distancias. Inventan los remos, con lo que construyen las naves más rápidas, impermeabilizan el casco de los barcos con betún, etc... Sus conocimientos los expanden por todo el Mediterráneo, llegando a Galicia e incluso a las Islas Británicas.

Son grandes artesanos y comerciantes. Venden los productos de lujo fabricados por sus artesanos a cambio de materias primas. De España obtenían la plata, el plomo y el estaño, de Egipto el trigo y el lino, de Israel los bálamos, de Anatolia los caballos, de Grecia el aceite, de África los esclavos y el marfíl, etc... Sirven, incluso, de intermediarios para comprar y vender productos de otras culturas. Esto sumado a su afán de aventura les permitirá expandirse a lo largo y ancho del Mediterráneo. Cada vez que los marinos conquistan nuevas tierras, las colonizan y las absorben culturalmente pero su fragmentación política (a menudo las urbes fenicias están enfrentadas por rivalidades comerciales) y su falta de interés por la conquista de territorios les pone en serios aprietos cuando los grandes imperios vecinos óptan por crecer a su costa.

 

Se dieron cuenta de que al viajar a grandes distancias, sería conveniente establecer una serie de factorías repartidas por las costas de todo el Mediterráneo. Las riberas mediterráneas se afilian a los constantes comercios de estos pueblos, con la adquisición de metales a cambio de productos elaborados que eran adquiridos por la elite tartéssica.

 

En la península Ibérica hay indicios fenicios de incluso hace 1.000 años a.C. Fundan la ciudad de Gádir (Cádiz) y la convierten en el centro neurálgico de la zona, además fundan Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar), y Abdera (Adra).

La isla de Ibiza es otro gran enclave de los fenicios, como lo demuestran las figurillas encontradas de diosas realizadas en terracota, aunque Cartago es el eje de navegación por excelencia hacia el siglo IX a.C.

En la península Ibérica aportan aparte de las técnicas de explotación agraria la explotación minera.

 

 

El río Segura, hace 2.500 años es una zona donde fondean habitualmente las embarcaciones, y en esa zona los pueblos se especializan en la reparación de los mismos.

 

 

Los jerarcas reciben de los fenicios ayudas, pues a estos les interesa que en Tartessia exista una organización bien establecida para mantener sus comercios.

 

El yacimiento de Badajoz es de gran importancia. Se encuentran tesoros de gran variedad y muy valiosos, tuvo que ser una zona importante para estos tartessos.

En el siglo V a.C., todo este esplendor que atesora esta gran civilización, empieza a decaer no se sabe muy bien porqué. Coincidiendo con la muerte de Argantonio, poco a poco las vías comerciales se van estableciendo por otras nuevas y Tartessia se va diluyendo. Parece ser que los púnicos o cartagineses, descendientes de los fenicios, son los causantes de esta desaparición o quizá el agotamiento de las vetas de mineral aprovechables, que habría acabado con el comercio colonial fenicio. No se sabe con certeza, pero el deterioro económico y un cambio mundial hacen que Tartesia desaparezca, siendo Cartago el nuevo centro de poder.

 

 

 

Grecia por su parte, antes del siglo VIII a.C. es una gran civilización, que compite en la comercialización con Europa, con los fenicios.

Estos griegos se establecen en la Península Ibérica fundamentalmente por las Ampurias (Cataluña), hacia el 575 a.C., para comerciar con los pueblos de la península. Es posible que reemplazasen a los fenicios en esa tarea, aprovechándose de su creciente decadencia.

La presencia duradera de los griegos en la península y su vocación claramente comercial tuvieron gran influencia sobre el Mundo Ibérico. Así podemos ver una clara relación entre la construcción de las murallas de algunos centros ibéricos y las fortificaciones griegas, o las huellas que dejaron en uno de los sistemas de escritura utilizados por los íberos, o una influencia clara en buena parte de la escultura ibérica y cerámica. H